#SHIZUKA

Me gustas, me dijo. Y guardé silencio mientras flotaban en mi mente todas aquellas cosas que a mí me gustaban, como los atardeceres en rojo, o los amaneceres que parece son mucho menos vistos porque el caos y la prisa controlan todo durante las mañanas. Como los restos de naufragios que guardan mil historias de almas que vivieron antaño. Como me gusta un niño que sostiene mi mirada y la sella con su sonrisa. Como un grupo de ciclistas o motoqueros cargados de morrales, seguro traen muchos kilómetros llenos de anécdotas a su haber. Como la voz melosa de Savoretti. Como cada una de las dieciocho piezas del chocolate Lindor Lindt. Como la belleza única de los faros. Como el último libro que cargo en mi mochila. Como cuando el gomero crece más de la cuenta cada vez que me ausento de casa. Como cuando disfruto de la comida de mi madre. Como me gustan las barbas o un cabello desordenado. Como cada trayecto recorrido en los trekking. Como las conversaciones profundas, en especial con aquellas personas que jamás pensaste hablar. Como andar descalza en la comodidad de mi hogar. Como ese árbol solitario en mitad de la ruta negra. Como el viejo muelle al norte, que guarda recuerdos de valerosos hombres como Sir Shackleton. Como el choripan y su leche con plátano. Como el reencuentro y abrazo con aquella persona que no veías hace años. Como cuando fluye un cuento. Como cuando el parquímetro te piropea. Como cuando el empaquetador del supermercado te abraza. Como cuando al fin entiendes algo que parecía escrito en lengua muerta. Como las piedras que me hablan en el camino.

Él, no dijo nada más, guardo silencio cargado de sorpresa obvia porque le faltaba todo el resto de la pintura que se dibujaba en mi cabeza. Aquella donde todo el listado de los «me gustas» tenían una causa en común para mí, ser conexiones con la Luz, ser mi línea directa con el Creador. La pregunta que nacía entonces era, ¿él me gustaba cómo me gusta todo aquello que me conecta al Creador? Y la respuesta fluyo sin demoras en mi interior. Ahora yo guardaba silencio procurando no dañar su ego que una vez más buscaba ponerse por sobre mi, con la diferencia que en esta ocasión supe dejar atrás.

Publicado por ckarem

Escritora aficionada, amante de la fotografía y la buena música (Hans Zimmer encabeza la lista). Fan del séptimo arte. Tengo dos violonchelos apodados Tars y Case en honor a los robot de Interstellar, película de Christhopher Nolan (mi director favorito). Amo los detalles, los símbolos y todo aquello que puedas darle más de una lectura. Certeza, unicidad, amor incondicional e intuición son parte del inicio de mi camino espiritual.

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